Asociación cultural feminista Madrid, Spain

Hoy, 5 de septiembre, celebramos el cumpleaños de la «Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana» (1791). Tiene 229 años, está muy viejita la pobre, pero como honorable anciana puede enseñarnos todavía muchas cosas así que, con todo el respeto, vamos a hablar con ella y escuchar sus batallitas:

DDMyC —La culpa es de mi padre putativo, la «Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano» (1789), que debía servir como texto preliminar a la redacción de la constitución, pero como muchos padres de antes y de ahora se desentendió de mí y de las mujeres a quienes debía proteger. La mayoría de los representantes de la Asamblea Nacional no querían ni oír hablar de derechos de las mujeres y proponían cosas como las del abate Sieyès, que fueran ciudadanas “pasivas” ¡Qué vergüenza! Aunque he de decir que hubo excepciones, sobre todo la de Nicolas de Condorcet—.

Me resulta curioso que la representación ginemorfa de un documento histórico sea justo como me la imaginaba, aunque la “Declaración” parece mucho más joven de cerca, más moderna y cosmopolita. Viste con hombreras y pantalones pitillo, tiene el pelo cardado y maquillaje a lo Desireless. Eso sí, la habitación donde nos encontramos rezuma estilo imperio por los cuatro costados.

DDMyC —La cosa con la Declaración de los derechos del hombre fue complicada desde el principio, el debate se alargaba y la galería de testigos se vació de puro aburrimiento. —Prosiguió la anciana —Se hizo notar entonces que la sesión estaba siendo irregular, puesto que se había establecido que debían ser públicas y el público, lo que se dice el público, estaba cenando en su casa. Total, que, como otras veces, apareció Mournier con un texto “de consenso” con los tres primeros artículos escritos tal y como los conocemos, y como no había testigos, ojo al dato, ni siquiera se anotó este hecho en el informe. Al día siguiente, la sesión se acaloró bastante pronto con la discusión de lo que acabaría convirtiéndose en el articulo VI, pero nadie se percató de que la palabra “hombre” puesta en el texto no había sido ni consensuada ni representaba a la totalidad de los ciudadanos.

Podemos ver como nuestra entrañable entrevistada entrecierra los ojos y se acaricia la barbilla con sospecha al contarnos esta anécdota. Después se reacomoda en su butaca estilo imperio, le da un sorbo a su bourbon y prosigue su relato.

DDMyC —Mi madre fue la gran Olympe de Gouges. Una burguesa de provincias que, al enviudar joven, decidió instruirse de manera autodidacta y frecuentar los salones parisinos a los que tuvo acceso, como se podía tener acceso en aquella época, con los amantes adecuados. En 1774, con 26 años, su nombre ya figuraba en el Almanaque de París, el “Hola” de la época. Empezó a escribir obras de teatro, aunque el éxito llegó al comienzo de la revolución, cuando la Comédie-Française representó «La esclavitud de los negros».

Nuestra anciana se recuesta en el respaldo de su atesorada butaca con satisfacción. Claramente se siente orgullosa de su progenitura.

DDMyC —Se unió al partido Girondino y redactó multitud de artículos políticos que publicaba y distribuía ella misma. Es en esta época en la que fui concebida, como una propuesta para la Convención Nacional, pero fui rechazada a las primeras de cambio. Poco después, al ver que las diferencias entre el partido Girondino y el Montañés se enquistaban, mi madre propuso un referéndum en el que se votaría el sistema de gobierno para evitar la guerra civil que se avecinaba. Y al incluir la monarquía entre las tres propuestas posibles fue ejecutada por antirrevolucionaria.

La anciana frunció el ceño y apretó los puños encima de los reposabrazos.

ED —«Si una mujer tiene derecho al cadalso, tiene derecho a la tribuna»— intervine en ese momento recordando la cita de Olympe.  No pude evitarlo, aunque por suerte no tuve tiempo de arrepentirme por mi irrupción.

DDMyC —¡Exacto!, —Exclamó la Declaración —No obstante, quiero insistir en que no fue guillotinada por concebirme, sino por girondina, por moderada y, si acaso, por mostrarse abiertamente en contra del partido Montañés y de Robespierre—.

ED —¿Qué impacto crees que tuviste en tu época? —Pregunté, esperando poder desviar la atención a terrenos más amables.

DDMyC —Pues no lo sé, algunos dicen que enorme, siendo influencia directa de la Vindicación de los derechos de la mujer de Mary Wollstonecraft, otros creen que caí rápidamente al olvido puesto que solo se hicieron cinco copias de mi primera impresión y hasta 1986 no fui republicada de manera íntegra, gracias a la escritora feminista Benoîte Groult. Lo que es seguro es que en la actualidad no tengo parangón, soy un argumento irrefutable contra la actitud machista tanto de la Asamblea Nacional Constituyente de la revolución francesa como del Congreso Continental de la Declaración de independencia de los Estados Unidos—.

ED —Pero no fuiste el primer documento en defender la igualdad entre hombres y mujeres, como dicen en Francia—Señalé. Bien por mí, en cuanto puedo, le hago mansplaining a una representación con forma de señora que ya peinaba canas cuando nacieron las feministas de la primera ola.  

DDMyC —¡Pero qué dices, niñato, si me adelanté un año a la Vindicación!

ED —Pero en España tenemos a Josefa Amar y el Discurso en defensa del talento de las mujeres.

DDMyC —¿Defiende la igualdad de forma explícita?

ED —Estooo… No lo sé ahora mismo, lo hace al menos de forma implícita y, sobre todo, es una reivindicación de la mujer y no una mera lista de agravios, lo que la hace una obra verdaderamente feminista.

DDMyC —Pues haces mal en menospreciarme, muchacho. Te recuerdo, además, que no soy una mera copia de la Declaración de los derechos del hombre, en el postámbulo tengo una propuesta de modificación del matrimonio bajo la forma de un contrato anual renovable firmado entre contrayentes, y pido el reconocimiento paterno de los hijos nacidos fuera de matrimonio ¡Eso no lo hizo nadie y menos entonces!

En ese momento es cuando me di cuenta de que lo mejor era plegar velas y agachar las orejas. Ella tenía razón y yo me había pasado de listo con los datos.

ED —Sí, sí, eso fue realmente novedoso, no quería hacerte de menos.

DDMyC —Ya, ya. Puedes irte, muchacho, estoy cansada de tanto parloteo.

ED —Ya me marcho, señora, por cierto, feliz cumpleaños.

DDMyC —¿Feliz Cumpleaños de qué?

ED —Hoy, es 5 de septiembre, es su cumpleaños, lo pone en la Wikipedia.

DDMyC —Es el 15.

ED —¿El 15?

DDMyC —Según Célestin DalMolin y Courtivron en su estudio de 2016, fui escrita el 14 de septiembre de 1791 y publicada el día siguiente.

ED —¡Mi madre!¡Todo mal! ¿Y para eso me doy tanta prisa para hacer la entrevista antes del sábado? Pues le aviso que la publico el 5 igual.

DDMyC —Haz lo que te dé la gana. A mí plin.

Con tanto desliz, no sé si guardará un grato recuerdo de mi persona. Por mi parte ha sido un honor charlar con ella y aprender tantas cosas de primera mano. Desde Ediciones Deliciosas la deseamos un feliz aniversario y que siga influyendo inmensamente a lo largo de los siglos venideros.

ENLACES DE INTERÉS:

Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana

Olympe de Gouges

Droits de la femme et de la citoyenne (original)

Femmes citoyennes revolutionnaires

Nicolas de Condorcet

Benoîte Groult

Beyond French Feminisms (R. Célestin, E. DalMolin, I. Courtivron)

Los Derechos Humanos de las Mujeres: Una reflexión histórica. (Secretaría del Gobierno de Veracruz)

La Revolución Francesa y los derechos de la mujer. (Historiasiglo20)

La Declaración de derechos de la mujer de Olympe de Gouges. ¿Una declaración de segunda clase? (Universidad Nacional Autónoma de México)

Desireless – Voyage, voyage

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