QUIENES OBRAN

Columna Central:

1 – Ana Mora – Diecinueve
2 – Sara Blanco – Lo que nos queda
3 – Carmen Palomero – Collage chino de otoño

1 – Ana Mora

DIECINUEVE (a Laura)

Bajo un telón rojo y dorado
nuestra primera función,
plato allo y fogoso
mediante
la unión de unos meñiques
fortísimos
casi dolientes.

Las helvéticas y futuras 
de la vida
escriben el relato,
debiéndonos un baile
viviendo lo bello y lo bestia
siendo Simon y Garfunkel.

Sonrojarse
con aquellos dramas griegos
ahora irrisorios.
Esa intensidad electrocutante mía
ese relativismo insultante tuyo.

Aquellos dedos diminutos
tejieron un hilo de seda,
ancla de nuestros destinos
unidos
pese a las tormentas.

2 – Sara Blanco

LO QUE NOS QUEDA

Aún vuelan las cenizas
de aquella granada que dejó de latir.
Las ramas siguen sin encontrar
lo que queda de sus sombras.
No te preocupes por las raíces,
ya no sangran.
Las semillas arropadas por la sequía,
solo piden un vasito de agua del tiempo.
pero nada quiere crecer
en este suelo fértil de huellas.

Los pájaros no cantan,
aunque lo sepan todo.

Cómo me gustaría decir
que yo no quité la anilla.
Pero es lo único que queda en mis manos.

3 – Carmen Palomero

COLLAGE CHINO DE OTOÑO

Ya tres noches reina
la melodía del silencio entre
las siete cuerdas que velan el sol.

Con viento favorable,
las cuerdas titilan.
Estrellas. Sueños. Música.
Crecen las sombras
allí donde las relucientes aguas,
brillantes, se desploman

y el alma de la luna apunta el alba.

Ya se acabó el otoño,
las hojas amarillas navegan
en rebaños en soledad.

Invitaré a los dragones a millones de otoños.
Dejaré al tiempo un año más.

Es más de media noche.
Retirada del mundo,
en el hondo silencio,
todo me irrita.

Columna Lateral:

4 – Irene Cermeno Pérez – Muerte en vida
5 – Silvia Cámara Ibáñez – Fallera con barba

4 – Irene Cermeno Pérez

MUERTE EN VIDA

Ya me enseñaron de pequeñita
hay que ser bien educada,
nosotras debemos morir en vida.
Es importante el camino,
no te despistes
o no te querran más;
estate quieta,
no molestes,
sientate como una señorita;
no pidas nada,
no cojas del plato;
no hables mal de los demás,
pensar mal de la gente está mal.
No te desvíes del camino, 
has de estar bien preparada,
has de cuidar de tu mamá.
No hay tiempo para los sueños,
eso es de locas,
ve a confesarte,
limpia tu alma,
sé casta, sé pura,
no te vayas con aquellas
que no te vean con ellos,
no enseñes la rodilla,
o no te querrán más.
Agradece lo que tienes,
estudia, trabaja
y no te olvides:
naciste para cuidar de tu mamá.
Agradécele a quien te dió trabajo,
júntate con gente bien avenida,
no busques su compasión.
Y con él,
aguanta, no contestes, ¡No llores!
no te creas lo que no eres,
o no te querrán más.
No humilles a tu familia.
No te mueras,
que no tenga tu mamá que llorar tu asesinato.

5 – Silvia Cámara Ibáñez

FALLERA CON BARBA

La niña que nunca fui
hoy habla con hilos negros
No, no quiero.

Son hilos azules
de mar.

Compro moños postizos y brocados
para rezar a la Virgen del Carmen
Virgen
Virgen
Virgen
Regrésame a la niña de los truenos.

Panel Izquierdo:

6 – Salomé BallesteroLa mujer de Lot se llama Edith
7 – Conchi Tabares Fernández – Muerte de la autora
8 – Mayra Molina Vernet – Sin título
9 – Cristina Martínez Sanz – Dentro hace calor

6 – Salomé Ballestero

LA MUJER DE LOT SE LLAMA EDITH

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Razones para mirar atrás (según Wislawa Szymborska):
la pena, el descuido, no querer mirar
el cogote del marido,
ser insumisa, la esperanza en Dios, la soledad,
la vergüenza (de huir a escondidas dejando atrás tanto dolor),
las ganas de regresar,
las gana de gritar, la rabia,
la falta de aliento, un accidente, algo
como querer saciarse de la perdición ajena.

I

He recibido tanto y fui furiosa
(como mujer)
de Ur-Kasdim
a orillas del Eufrates.

Yo, Edith de Sumeria.

II

un trocito de tierra celebra tu suavidad
recuerda a tus dos hijas
arropadas
algo frágil – algo recio
tal vez algo

III

Cuando transitas por una calle casi oscura con una sola
tienda sin escaparates y crees estar soñando pero arriba
habita un idioma como el húngaro y quieres escapar de la calle casi oscura salvo
[por el escaparate polvoriento

Cuando regresas a esa esquina de madrugada y todos los húngaros duermen
y te duele el gemelo o algún neo-músculo de neo-vieja y nunca debiste haber
regresado y lo sabes

Cuando saberlo todo es toda tu historia pero se confundieron los caminos
y la ciudad te devuelve al rincón de la lamparilla y el libro abierto a las tres de la
madrugada

Cuando la ciudad del sueño son colillas y dos o tres gatos que saludan al pan y los
carteles estratigráficos – últimas elecciones en Panamá

Cuando la ciudad está escrita en un envoltorio arrancado de la pared – una pared
que huye a golpe de desconsuelo

Cuando a todo esto le llaman mirar atrás, hermana Edith.

IV

Te vendo la felicidad
una lipo-escultura
sin anestesia
Te vendo
una cicatriz azul una oración
un mes repetido
el canasto de telas la esquirla
del ónfalos
una gallinita
ciega verás que guapa
torneada en madera
Te vendo la desolación

Te vendo
un abrigo fuera de temporada
(con este calor)
un modelo desvaído
dos judías de mañana verde
un pequeño puerro desarbolado
algún huevo sin proteínas
el queso en su cubito de salsa exótica
(no consigo generar cero plásticos)
una lista en fin tan pesada o tan pequeña
y la sal

Sin saber nada de tu castigo
te vendo plástico en vez de sal
mientras acunas células lipoesculpidas
o polímeros mutantes
y el cirujano de cabeza negra
te dice: el ónfalos te salió un poco feo
una cicatriz que arrojó tu madre
al suelo y se quedó tan a gusto

Guarda, entonces, Edith, tu mirada de sal
y los esquejes de ónfalo podrido
al salir
arrancaste el hueco y por eso
inventaron el instinto de leche
y por eso la leche en la lista
de la compra

V

No te combato a mediodía, solo te miro
como a un hermano sin enfermedad
bien atento a los ciclos fecundos
del caos a través de las cosas

La muerte y la doncella
y la abstracción y la princesa de metal
tan pecosa – tan pálida
y no tan suave

Lloraba la princesa en la orilla sucia del autobús
abombado, ahíta de
sigilos y el charco (ay el charco)
del dragón en invierno

VI

no toda caída es dulce
no toda sombra regresa
no siempre hubo un monumento a la herida
ni siquiera una esquela o una piedrita labrada
toscamente
a.t.i.

donde quiera que quedaste
amargamente no importa
la furia del manjar a pequeñas dosis
la lucha por alumbrar tenebrosas trenzas
o la salida sin orejas del dragón
no importa

una casa sin puertas

qué triste estar muerta y que nadie
lo sepa ni un cartel de “se busca”
en el escote

qué amargo llorar en el autobús
sin una flor que levite sobre la uña del muerto

conjurar no es terapéutico (solo lo parece)
exiliar los afectos lo parece (pero tampoco)
llorar dulce solo hace bueno al pastel vegano

el dragón lleva en la boca una flor de caramelo
espera la muerte contigo
como un cordero apaciguante
como una marca de llama camuflada

y que tú no lo sepas y estés muerta
y que te iluminen dos dedos iguales
de dragón en invierno

pero no importa

VII

Dos cuervos trajeron la noticia,
Memoria se llama el más pequeño
Felicidad el que aletea inmisericorde

Detrás la procesión de viejos
un séquito de automóviles cojitrancos
se aleja por la calle averiada
como una llama azul
camuflada y sin cables

y la rosa no deja de ser rosa y callada
y la escuchas como al rugido amable
y te estremeces

7 – Conchi Tabares Fernández

MUERTE DE LA AUTORA

Si algún día sonaran las campanas,
mi madre no preguntara “¿quién ha muerto?” a la ventana
si con certeza sabré que no estoy,

búsquenme en cada dedo de cada pintor aprendiz;
estoy en todo aquel que aprende.

Si se cerraran las puertas a la academia,
no busquen más academias,
busquen niños aburridos
que esconden sus juguetes a su espalda.

Recuerden que la imaginación es infinita,
está en todo aquel que escucha.

Si cesase la poesía de correr
por los ríos grandes
como, por ejemplo, el que pasa por Sevilla,
no quieran verter en él la Palabra Vacía

No olviden que el agua está viva
y como todo ser vivo,
hará lo imposible por crear.

Si las neuronas,
como manos que buscan refugio en sí mismas,
se retuercen y dejan de brillar,

Piensen que fui todo aquello que no quise ser
y me serví de ello para saber ser.

8 – Mayra Molina Vernet

Hay heridas que no caben en la hoja de ruta.

9 – Cristina Martínez Sanz

DENTRO HACE CALOR

La madrehija al principio:
dos plantas carnívoras.

Décadas del ensartado de cuerpos
(duran lo que duran)
en algodón americano del bueno,
más gozoso después de cada tute
el regalo de la madre.

La hija descosida
(hace tiempo que se mastica sola)
en sus sábanas viejas
mandíbula ya floja
se desea como si fuera otra.

Panel Derecho:

10 – Gracia OlivenzaHoras desconocidas
11 – Raquel Bullón Acebes – Autorretrato
12 – Patricia HannahNacimiento
13 – Patricia Pérez Ramírez

10 – Gracia Olivenza

HORAS DESCONOCIDAS

Permanecí horas desconocidas
febril, en la hondura del alma.
Pálida sombra, desamparada y hueca
con la emoción que quedó sin expresar.
Sin maña para vivir.

Fui el sueño que me olvidé soñar,
escenario falso, pozo de gestos.
Fui el cansancio de todas las ilusiones.
Un alejamiento.
Desdén.

Nunca entendí el criterio del relojero imperfecto,
la vaga humanidad frágil,
la manía de lo absurdo y de la paradoja.

Nunca entendí que quien no siente es feliz,
porque para ser triste es preciso sentir.
Náusea.

Saboreé la humillación de amar,
la desolación de nubes leves y suaves.

Sensibilidad injusta.

Rabia.

11 – Raquel Bullón Acebes

AUTORRETRATO

Quizás me equivoqué
al nacer persona.
Soy más
brizna de hierba.

Una fina hebra de lava
que nunca se convertirá en roca.
Una pequeña burbuja
en el medio de una ola.

Quizás me equivoqué
al nacer persona.
Soy más
soy más

una de las gotas de lluvia
que se posa en tu ventana
la más minúscula de todas
la última que se evapora.

12 – Patricia Hannah

NACIMIENTO

Me nací solo
y cayó mi cabeza al cesto
como escondiendo mi error.

Mi madre entre flores muertas, 
entre tierra infértil
no sintió nada.

Su cara era de un ser devastado,
su inerte mueca
no simbolizaba nada.

Sus manos vacías,
su corazón parado,
no querían nada.

Y yo que no era vida
me perdí para siempre
sobre una manta de esparto
donde enterré mi vergüenza.

Soy huérfano
y las cigüeñas no quisieron anunciar la fertilidad de este día lluvioso.

Nací ya muerto
como el sentimiento del vientre
que me retuvo solo por sentirse lleno de algo.

Puede que yo no sea deseado por el planeta de un dios monógamo,
puede que viniera para irme sin dejar semillas de cereales negros,

pero estoy seguro de que volveré para alcanzar todas las guerras 
en las que una sola madre desee
arrancar a su hijo de un fusil
y de un fusilado.

13 – Patricia Pérez Ramírez

Tu recuerdo me apuntala
al borde del abismo

Tu indiferencia me increpa
con soflamas vacías

Tu recuerdo silencia
mis gritos más oscuros

Tu indiferencia ningunea
los agitados tormentos

Tu recuerdo incendia
las astillas

Tu indiferencia desprecia
mis balas

Tu recuerdo aprisiona

Tu indiferencia me apaga

Escenario:

14 – Silvia Hervás Sánchez – Vulcana Lahar
15 – Francesc López Camacho – Que yo sufría

14 – Silvia Hervás Sánchez

VULCANA LAHAR

En el cielo relámpago rojo
y en la tierra raíces.
Torres eléctricas y cables de alta tensión
somos tomas en la tierra,
transitamos las huellas de este paisaje,
hemos creado este paisaje.

Escucharon nuestra llegada
y la ciudad alzó la mirada
ocurren cuando se crean las tormentas
esas que nadie sabe controlar.

Ahora que rugen intentarán apagarlas.
Somos lava ascendiendo por el alto horno
sin miedo enfrentamos a la presión
sin miedo desafiamos el futuro incierto
somos la temperatura del miedo.

De la fractura un nacimiento durmiente,
el poder del pensamiento las escucha.
Y aunque la realidad diste muy lejos de allí
no necesitarán brújulas ni astrolabios
porque el mapa siempre fueron ellas.

El cráter esconde el grito en la garganta
en la entraña del fuego encontraron su lugar.
Acariciadas sus venas por el fuego
fundieron las edades de metal
colgadas de sus cuellos.

Palabras abruptas, palabras derramadas
de una semilla de ceniza siguen vertiéndose sin mirar atrás
se alzan con ojos de huracán,
Vulcana Lahar.

15 – Francesc López Camacho

QUE YO SUFRÍA

que yo sufría
que yo sufría
pero nuestras pieles cantan extraños testamentos
en el recodo de los portales
a la soledad
ocultas bajo la carne
como oscuras semillas
como plaga de langostas

el hambre nos encuentra
en su hueco de luna
erosionando
los rosados jugos de la muerte
mi cuerpo mudo junto a mí
se vistió de marfil
como raíces retorcidas

que yo sufría
que yo sufría

mi madre
deambulando por el filo
nunca volverá a sangrar
los negros úteros de la noche

los niños esqueleto
parecen viejas que duermen
caminando por la nieve

en la nieve de amor
fallan
intentan conectar dioses rotos
amarillas monedas
aceras asesinas

enanos y albinos
caras negras
hileras de paja atrofiada

yo sufría

y los niños esqueleto
son serpientes negras
niños desperdiciados
que juegan con calaveras

pero
un círculo no sufre
dice mi madre

mientras el color era el ahora
para rechazarte
no debía usar lejía

Con la ayuda de Audre Lorde